Y de mis amores, también.

Madrid. La ciudad donde nací, crecí, me emborraché por primera vez, dónde me enamoré, ciudad donde perderse es puro placer y da igual cómo, cuándo y con quién siempre saca lo mejor de ti y te enseña una y otra vez.

Escribo mientras voy en mi querido 2, el bus del barrio que hace una de las rutas más bonitas de Madrid. Puerta de Alcalá, Cibeles, Gran Vía, Callao, Calle Princesa …llegas a casa auto convenciéndote una vez más, de que tu ciudad es la más bonita del mundo.

Madrid es única, fácil y a la vez compleja. Caminas por Malasaña y su Dos de Mayo y de repente te encuentras en el barrio de Salamanca y son todo contrastes. También es diversa, tiene un poder acogedor brutal que no dejará indiferente a nadie. Madrid también es revolucionaria. Buscando dar lo mejor de sí misma para los propios de aquí y para los que vienen de fuera.

Madrid es una excusa para contar historias – Francisco Umbral

Puedo decir que amo mi ciudad. Sus calles. Su Gran Vía remodelada. Sus obras infinitas. Su Retiro. Sus olores (huela o no a ajo, Madrid tiene su olor especial). Pero, sobre todo, amo volver a casa. Ese sentimiento reconfortante que te hace sentir en tu sitio. Cómoda y feliz, algo que no cambiarías por nada en el mundo.

Madrid no tiene mar. Pero, aún así, tiene su oleaje. Ciudad que nunca duerme, siempre te hará cosquillas y no te dejará indiferente.

Si no habéis cogido el autobús número 2, os lo recomiendo. Tanto de día como de noche, es un espectáculo. Eso sí, no lo cojáis si no os queréis enamorar…